La Community Manager responsable que no soy

El día de ayer, después de haber leído y leído técnicas milenarias (¿milleniarias?) para sobrevivir en el internet, empecé a intentar volver a postear cosas en mis páginas de Facebook. ¡Chan! Aún con todos esos condicionales está difícil, hasta habiendo tomado nota de lo que está bien hacer y lo que no se debe hacer me costó y me seguirá costando. Soy mil veces mejor hablando sola que estableciendo conversaciones abiertas con personas que no conozco y, justamente por eso, evito las fiestas cual gatito salvaje huyendo de un rociador de agua. Así que eso de la “presencia en redes sociales” es un arte para el cual debo admitir que no tengo un talento natural, por si a alguien le quedaba la menor duda. En mi Twitter, como acá, digo lo que quiero, pero Facebook funciona distinto… La idea ahí es que lo que uno dice y comparte sea lo relevante, no uno mismo como personaje… Lástima, porque lo de ser un personaje sí me sale natural; me lo vienen diciendo toda la vida así que lo asumí hace muchos años y lo hice parte de mi personalidad (¡¿personajidad?!).

El día de hoy hice mi segundo post en otra de mis páginas de Facebook. Mañana le tocará a la de Maubox. El jueves de nuevo a la de Ankari. Iré probando nuevas horas para escribir, a veces pondré fotos, a veces no… En fin, voy a hacer ahí mis tests caseros para ver qué es lo que me gusta hacer y qué es lo que a la gente que me sigue en Facebook le resulta relevante de las cosas que tengo para decir, y a ver a dónde nos lleva eso. Ojalá pudiera poner contenido nuevo cada semana, pero hacer música no es como hacer un té.

…Qué buena idea, de hecho. No la del contenido nuevo. La del té. Me voy a hacer un té. Ahora. Con limón para seguir exorcisando los vestigios de enfermedad que me quedan. ¡Vitamina C, ven a mí!